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Lucir feliz...

Es raro sentirse ajena en los espacios que siempre pensaste como propios. Va más allá de un tema territorial. Supera lo territorial y se acerca más a la necesidad de sentirse útil, participativa, engranaje, parte colaborativa de un todo. Sigo ocupando el mismo espacio, pero me siento tristemente prescindible, como uno suele sentirse en los trabajos donde no se involucra mucho o se es consciente de que no eres más que un número. Así uno puede sentirse en un trabajo y no importa mucho si el trabajo no te apasiona. Sentirse así en el espacio que más te importa, es difícil de sobrellevar. En un infantil intento de sobrevivencia, adopto actitudes que agobian. Ofrezco lo que nadie necesita e insisto en mantener una postura servicial que puede interpretarse incluso empalagosa por quienes reciben mis atenciones. He visto esto mismo en mujeres mayores y cuando he sido en cierta forma un poco víctima de sus atenciones, he respondido también con poca delicadeza, hasta con molestia por tanta insistencia en querer ayudarme. ¿Será que esta identificación o empatía con esas mujeres mayores es señal de que estoy envejeciendo? De pronto me veo caminando por el mismo sendero de las temerosas a dejar de ser útiles, el sendero de las que siempre se han sentido fuertes, proveedoras y que de repente o la edad o distintas circunstancias les obliga a «chantar la moto» y aceptar ayuda, no ofrecerla. Pienso, entonces, en todas esas mujeres viejas, cansadas y con ganas de seguir vigentes para el mundo. Mujeres que cargan con el cansancio no solo del trabajo formal y remunerado, sino también del doméstico y con una serie de prejuicios sociales que hicieron su mochila siempre muy pesada. Me gusta observar a estas mujeres. Me gusta escucharlas, incluso cuando veo entre ellas y yo visiones del mundo tan disímiles. Esta semana visité a mis dos abuelas. Me veo, a veces, en ellas. Cargo con la misma necesidad de sentirme útil. Tengo a mi favor la edad y que aún no me duelen las rodillas (a veces). Su felicidad se sustenta, en gran medida, en sentirse activas. Ser feliz, para ellas, va de la mano con el sentirse autovalentes y fuertes. Así lucen realmente felices. Y parece que yo también.


 
 
 

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